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Un pueblo contra los incendios provocados por el aceite de palma

16 Enero 2017

Dosan, en la provincia de Riau, lanzó en 2009 un programa pionero para acabar con los fuegos que empezaron tras plantar las palmas aceiteras en la región

En 2015, cuando Indonesia era pasto de violentos incendios que sumieron a buena parte del Sudeste Asiático bajo una espesa nube de humo, Dosan, un pequeño pueblo situado en el centro de la catástrofe, no registró ni una pequeña llama. “Los incendios ocurrieron por primera vez cuando empezamos a plantar aceite de palma. Nos dimos cuenta de que estaba relacionado y ahora estamos haciendo algo para solucionarlo”, explica Pak Dahlan, el líder de los campesinos de Dosan.
Dosan fue uno de los primeros pueblos de la provincia de Riau, una de las más afectadas por las llamas, en lanzar en 2009 un programa para luchar contra los violentos incendios que Indonesia ha registrado anualmente durante las últimas décadas. En 2015, cuando ‘el Niño’ castigó a la región con altas temperaturas y escasas precipitaciones, los fuegos fueron especialmente violentos y unos 2,6 millones de hectáreas ardieron entre junio y octubre, meses de la estación seca, según el Banco Mundial. El año pasado fue, sin embargo, más benévolo, gracias a que ‘la Niña’ trajo temperaturas más suaves y más precipitaciones.

El gran enemigo de los habitantes de Dosan era la turba, un tipo de tierra húmeda compuesta por la acumulación de materia orgánica descompuesta, que forma buena parte del suelo de la zona. En su estado natural, la turba es un suelo óptimo para la expansión de las selvas tropicales, y no arde fácilmente. “Lo que ocurre es que los aldeanos drenan la turba porque su productividad para aceite de palma es muy baja cuando está húmeda”, asegura Adhy Prayitno, investigador del Centro para Estudios sobre Desastres de la Universidad de Riau. “La turba seca es como gasolina para los incendios”, añade Woro Supartinah, coordinadora de Jikalahari, una NGO que vigila los incendios en la provincia de Riau para proteger la escasa zona de jungla que queda en la región.
Ése fue el primer error que cometieron en Dosan. En 2003, el Gobierno local lanzó un programa de lucha contra la pobreza por el que asignó parcelas de tres hectáreas de tierra a cada familia que debían ser plantadas con aceite de palma. Tras recibir la tierra, los aldeanos diseccionaron la tierra con un laberinto de canales que empezaron a succionar el agua de la tierra. Y entonces, la tierra empezó a arder.