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Rachid el paga multas

25 Agosto 2016

Se hizo rico con una ‘start-up’, intentó ser presidente de Francia y ahora paga las multas que la ley gala impone por burkini, niqab y burka

Casado con una latina, ella no usa prendas islámicas

Con una sonrisa que no se olvida mostrar y una larga cabellera donde las canas se entremezclan con su pelo moreno, Rachid Nekkaz es un hombre que se autoproclama como defensor de la libertad de las mujeres y de la laicidad. De las féminas musulmanas que han decidido seguir la interpretación de una religión donde cabe la posibilidad de cubrirse, si es tu opción o por imposición del varón, desde la melena hasta la mirada. Han pasado 44 años desde que Rachid naciese en el barrio parisino de Choisy-Le-Roi, cerca del aeropuerto de Orly. En un barrio desfavorecido donde habitaba con sus padres -inmigrantes argelinos- y sus 11 hermanos. Él era el niño prodigio. El que podría sacar adelante a sus progenitores analfabetos. Consiguió aprobar la licenciatura en Historia y en Filosofía en la reputada Sorbona. Aunque de esos estudios no conseguiría amasar la fortuna que tiene hoy en día. Fue en los años 90 con la revolución de internet cuando creó una start-up informática que consiguió vender a principios de este milenio. Seguidamente, invertiría en el sector inmobiliario para lograr su riqueza, que transformó en 2010 en una asociación llamada “Touche pas à ma Constitution” (no toques mi constitución, en francés), con un fondo de un millón de euros, destinada a pagar todas las multas de las mujeres que se atavían con niqab -el velo islámico que cubre todo el cuerpo salvo la línea de la mirada- y el burka -la vestimenta de una pieza que ni los ojos deja ver- en Franciadespués de que el 11 de abril de 2011 entrase en vigor una ley prohibiendo todo aquella vestimenta que cubriese el rostro en un espacio público. Cinco años después, más de 1.300 multas pagadas y un total de 243.000 euros gastados, Nekkaz vuelve a los objetivos fotográficos y habla con Crónica por la polémica que ha surgido en el país galo a raíz de la prohibición en algunas de sus playas del llamado burkini, el traje de baño que cubre desde la cabeza a los pies, dejando libre al sol sólo el rostro y las manos. No lo duda. “Voy a pagar todas las multas que le pongan a las mujeres con burkini”, nos confiesa. Va a seguir la línea trazada desde 2010. “Lo que pretendo es neutralizar esta ley sobre el terreno ayudando a estas chicas a recuperar su libertad”, repite constantemente durante la entrevista. Ya le ha llegado, según comenta, la primera multa por llevar burkini de una joven de Cannes. Una cantidad de 38 euros es la que tiene que desembolsar. -Pero, ¿cómo le paga usted a todas estas chicas?-Muy fácil. Ellas se ponen en contacto conmigo a través de mi email o teléfono, que se encuentra disponible en varias webs musulmanas. Ellas ya saben dónde tienen que acudir. Y una vez que me llega la multa, voy a tesorería y las pago. Aunque si hay una cámara fotográfica delante, mejor. Como su última aparición en Locarno (Suiza) el mes pasado cuando le pagó la multa de 230 francos suizos (212 euros) a Nora Illi, una joven salafista que portaba el niqab en una ciudad que a principios de julio promulgó una ley que seguía los pasos de los de la república laica francesa. Este autonombrado paladín de la libertad reafirma que “la política francesa es la que está detrás de todo esto porque se acercan las elecciones presidenciales (en 2017) y tienen que cubrir de alguna manera el fracaso de estos años”. De hecho, opina él, “utilizan el miedo a los musulmanes para reducir su libertad e incrementar la islamofobia”. Lo dice un hombre de negocios que renunció a la nacionalidad francesa en 2013 y ahora sólo posee la argelina.Nekkaz no está de acuerdo con el hecho de que las mujeres musulmanas porten el niqab. Ni tampoco que lleven burkini a la playa porque “no es la mejor forma de que se integren en la sociedad”. Pero al fin y al cabo, dice, “es su libertad”. Y por ella asegura luchar el argelino: “Esto es un pretexto más de la política para darle una visibilidad negativa a los musulmanes y retirarles su libertad pública”. De nuevo, la palabra “política” sale a relucir en cada respuesta. Y es que se ha presentado a cuatro elecciones que han tenido lugar desde 2007 a 2013 en Francia. En las últimas, quedó en la posición final de la primera vuelta. No obtuvo ni un sólo voto. Ni el suyo propio.Frustrado con su país natal, decidió fundar el Movimiento por la Juventud y el Cambio (MJC) en Argelia, no sin antes renunciar a su nacionalidad para poder acudir en las listas de las elecciones presidenciales de 2014 en el país magrebí. Finalmente, no pudo presentarse ya que perdió las firmas necesarias para validar su candidatura al Consejo Constitucional. Tras este misterio, movilizó a una pequeña masa joven para demandar que su nombre apareciese en las listas. Sin éxito. Pero ya ha anunciado su candidatura a las elecciones legislativas que tendrán lugar en mayo de 2017 en Argelia.En la conversación con Crónica, dejó algunas pinceladas de su español. Aunque apenas es capaz de decir una frase, lleva consigo siempre un número de teléfono de nuestro país ya que pasa temporadas en la península, concretamente en Alicante, donde, dice, “ayuda a los argelinos a invertir en el sector inmobiliario”. Es de señalar que tantos tunecinos como argelinos son muy asiduos a comprar propiedades en el litoral de la costa mediterránea. Tras el debate en España sobre el burkini, un tema que ni se ha cuestionado anteriormente en las playas de nuestro país, Nekkaz responde: “España no debe ceder a la tentación liberticida francesa”. Su esposa, sin burkini En todo este periplo para lograr ahormar toda su historia autobiográfica le acompaña su esposa. Pese a que algunos medios hayan comentado que su mujer es de origen canadiense, Nekkaz lo desmiente y afirma que su esposa posee los documentos de identidad de Uruguay y de EEUU. Era católica pero se convirtió al islam y es “una musulmana moderada”, habiendo estudiado en Stanford y en la Escuela Superior de Ciencias Económicas y Comerciales de París. “Ella no lleva ni el burkini ni el niqab”, responde cuando le preguntamos por sus atuendos habituales. Rachid Nekka z espera seguir pagando de su fondo por la laicidad -que parece no terminarse- las multas de las mujeres con burkini, ya que estas féminas, opina, “no suponen ningún peligro para la sociedad ni para la seguridad del país”. Comenta que aún no se ha tomado una foto con ninguna chica con el bañador islámico, como acostumbra cada vez que realiza este acto de caridad. Pero lo hará. Palabra de Rachid, el paga multas.