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“La próxima misión del capitalismo es deshacerse de la mitad de la población del planeta”: Ailton Krenak sobre la necropolítica

por Thais Reis Oliveira, Traducción Española por Maria Piedad Ossaba, Tlaxcala, 26 Enero 2021. “La desigualdad priva de protección social al 70% de las personas. Y en el futuro, ni siquiera serán necesarios como mano de obra”, dice Ailton Krenak.


Foto Neto Gonçalves

Antes de la pandemia, Ailton Krenak tenía una agenda muy apretada. Finalista del Premio Jabuti por su libro Ideias para Adiar o Fim do Mundo [Ideas para retrasar el fin del mundo], había publicado también A Vida Não É Útil [La vida no es útil] y O Amanhã Não Está à Venda [El mañana no está en venta], todos publicados por las ediciones  Companhia das Letras. Viajaba frecuentemente a través de Brasil para la producción. Sin embargo, desde la llegada del virus, Krenak está confinado en las tierras indígenas de su grupo étnico, a 200 kilómetros de Belo Horizonte. “Vivimos rodeados de nuestras familias cercanas. Todos pueden reunirse en el jardín, comer juntos, sin necesidad de llevar una máscara. Seguimos un protocolo comunitario”, dice. En este oasis situado en la orilla izquierda del Río Doce, rodeado por el caos sanitario, sigue atentamente las tragedias del mundo, como muestra esta entrevista.

CartaCapital: Estás en cuarentena con el pueblo Krenak. ¿Cómo va todo?

Ailton Krenak: La pandemia no es un acontecimiento local. Aunque no hay contagio en mi pueblo, hay varios casos en los alrededores.  Las grandes ciudades están bastante bien vigiladas. Pero en las fronteras de Brasil, en la periferia, a lo largo de los ríos, en el puerto de Manaos o Belén, nadie controla nada. Aquí, en la reserva, estamos perplejos. No sirve de nada protegernos si hay caos afuera. El resurgimiento de Covid-19 representa un grave peligro para nuestras vidas. Somos conscientes de ello, pero tememos que nuestros vecinos no lo sean. Somos una sociedad del contagio. Por muy cuidadosos que seamos, no podemos hacer nada solos. Vivimos rodeados de nuestras familias cercanas, de nuestras hermanas, de nuestros suegros, todos pueden reunirse en el jardín, comer juntos, sin necesidad de llevar una máscara. Obedecemos a un protocolo comunitario, tomamos nuestras decisiones de forma colectiva. Aquí no hay decisiones individuales. Si alguien pone en peligro al colectivo, puede ser sancionado, e incluso excluido.

CC: ¿Cuáles son las consecuencias y lecciones de esta pandemia?

AK : La muerte deja un trauma tan mal resuelto que nadie sale ileso. Hay una pérdida de identidad, memoria y hospitalidad para el sobreviviente. Esto no es bueno para una comunidad que necesita manejar sus necesidades materiales. Volver a trabajar, volver a manejar la rutina doméstica. Muchos no lo conseguirán. Y eso es muy malo. Vivimos en una época en la que ser optimista es una mala crianza. Es ser indiferente al sufrimiento de los demás.

CC: Has sido el protagonista de una de las escenas más memorables de la Asamblea Constituyente. 33 años después, ¿es doloroso ver tantos ataques contra la Constitución?

AK: El tratamiento de la Constitución por parte de los poderes no ha hecho más que empeorar. Pero no es un fenómeno reciente. Desde hace años se planea una revisión constitucional para modificar el Capítulo Indígena, para eliminar los derechos de las comunidades quilombolas y reducir las políticas públicas. Esta furia destructiva contra la Constitución se ha agravado en los últimos dos años. Y ya no se trata de intentos, sino de hechos consumados. Se trata de la destrucción del Estado brasileño desde el interior, de las condiciones necesarias para vigilar y proteger los territorios indígenas. Es una creciente incitación a usar la violencia contra nosotros, trivializando la idea de que proteger el medio ambiente es algo estúpido. Es bien sabido que por donde pasa el tractor, pasa el ganado. Este Ministro de Medio Ambiente es un playboy que toma sus fantasías tecnológicas por gestión. Lo que hace este individuo es un insulto a toda la historia de la lucha ecologista en Brasil.

 El discurso de Ailton Krenak ante la Asamblea Constituyente en septiembre de 1987 a favor de la inclusión, por primera vez en la historia de Brasil, de un capítulo que establezca los derechos de los pueblos indígenas.

CC: ¿Sigue siendo posible celebrar acuerdos en Brasil?

AK: Vivimos una situación escandalosa en Brasil, que mezcla pandemia y miseria política. Fuera de Brasil, por lo menos, se espera iniciar otros debates sobre las desigualdades que la pandemia ha agravado, el cambio climático, los refugiados… Este es un tema muy importante, aunque sólo sea para entender la pandemia. Este flujo de personas que cruzan las fronteras en todo el mundo puede ser un vector de nuevas pandemias que pueden destruirnos.

CC : ¿Se ha vuelto el mundo más tribal?

El mundo no es una persona. Idealmente, el mundo debería ser la humanidad, compuesta de personas iguales. Puesto que no somos en absoluto iguales… En el libro Ideias para Adiar o Fim do Mundo, me pregunto sobre la humanidad. Puede ser un objetivo, una intención, pero no existe. Antes, había una división de clases. Los ricos y los pobres, los blancos y los negros, los rurales y los citadinos. Eran divisiones muy primarias.

Ahora tenemos colectivos, en una misma ciudad, luchando entre sí. La intolerancia religiosa… Hay una guerra entre estos mundos que se articula en torno a los puntos de fricción entre los diferentes sectores de esta cosa que somos todos, pero que no constituye una comunidad. Somos un conjunto de pueblos sin ninguna afinidad. Si no queremos que esto termine en una guerra civil, tenemos que llegar a un consenso, pero los políticos están todos perdidos, navegando a ciegas. Nadie sabe lo que está haciendo, ni dentro ni fuera del gobierno.

CC: Muchos académicos ven esta crisis como un signo de la caída del capitalismo. ¿Estás de acuerdo?

AK: Estamos viviendo una fase grotesca del capitalismo, pero no creo que la crisis en la que nos encontramos disminuya su poder. El capitalismo ha producido un cambio en sí mismo porque hemos sido incapaces de cambiarlo desde fuera. Destruirá el mundo del trabajo tal y como lo conocemos, y liquidará la idea misma de población. Para mí, ésta es la próxima misión del capitalismo: deshacerse de al menos la mitad de la población planetaria. Lo que ha hecho la pandemia es un experimento de muerte. Es parte del programa) del necrocapitalismo. La desigualdad deja al 70% de la población mundial sin protección social. Y en el futuro, ni siquiera los necesitarán como mano de obra. Los que prometen un mundo de pleno empleo son cínicos o locos. No hay ninguna posibilidad material de volver a ello.

CC: ¿Pero no hay nada positivo? Por ejemplo, la llegada al poder de grupos marginados. El hecho de que hay más gente que quiere repensar su relación con el consumo…

AK: El hecho de que haya parlamentarios indígenas, LGBT, etc. muestra un endurecimiento de este proceso de transición. No cambia nada, sólo formará parte del proceso de desestructuración programada en el que todos estamos inmersos. En cuanto a la renuncia al consumismo de aquellos que, como los hámsteres, sólo se preocupan por comer y consumir, sin saber de dónde viene lo que consumen, sólo una parte de ellos ha notado el daño. Esto no afecta al sistema global, al calentamiento del planeta, a la erosión de la biodiversidad. Los científicos más ilustres de los años 80 en el campo del cambio climático, cuando vieron el tiempo que nos quedaba, se fueron a sus granjas de Texas o Maine. Hoy en día, algunas personas creen que es posible mitigar algunos de los daños, pero es difícil encontrar a alguien que afirme que es posible evitar la degradación global.