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El “Marco (Rubio) de Transición Democrática”

Sergio Rodríguez Gelfenstein 03/04/2020
Al parecer, Donald Trump quiere imitar a Roosevelt pero sin hablar en voz baja. Con estentórea grandilocuencia pasea su insensatez por el mundo, sin ni siquiera ser capaz de enfrentar con éxito la lucha contra el coronavirus a pesar de dirigir la nación más poderosa del planeta.

Si el anterior secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, revivió la doctrina Monroe como instrumento de la política exterior de su país, ahora su sustituto, Mike Pompeo, pretende reivindicar el corolario Roosevelt.
Enunciado en 1904 por Theodore D. Roosevelt, el corolario expone que “la delincuencia crónica (de algunos países latinoamericanos) puede (…) hacer necesaria la intervención de alguna nación civilizada, y en el hemisferio occidental la doctrina Monroe, puede obligar a Estados Unidos (…) a ejercer un poder de policía internacional”.
Este presidente es considerado el padre de la política imperialista más agresiva de la historia de Estados Unidos. Su política exterior llamada del gran garrote se sustentaba en la idea de que “cuando se vaya a visitar al adversario, hay que hablar en voz baja, pero llevar un garrote en la mano”.
Ya tiene un portaviones paralizado en Guam porque 150 de los cerca de 4.000 marinos están infectados de coronavirus. Asimismo, 1.500 de los alrededor de 40.000 oficiales de policía de Nueva York están contagiados. Trump no es capaz de proteger ni siquiera a sus fuerzas armadas y de seguridad.
Entonces, no se entiende cómo pretende dictar normas para el funcionamiento del planeta cuando la única ley que sabe aplicar Estados Unidos es la de la fuerza y la única manera de tapar su ineptitud es agrediendo a los demás. En los últimos días, su ensañamiento con Venezuela, intentando amedrentar al Gobierno, a las Fuerzas Armadas y al pueblo es expresión clara de un odio que supera cualquier rasgo de condición humana.

Después de conversar con el presidente de Rusia, Vladímir Putin, y de saber que el Gobierno de este país asumió en su totalidad los vínculos en materia energética de Rusia con Venezuela, sumado a la firme postura de apoyo irrestricto de China al Gobierno constitucional del país, pareciera que la Administración de Estados Unidos decidió tomar otro camino, toda vez que se ha visto obligado —en los hechos— a reconocer a Maduro como presidente, al hacerle un llamado para que se retire. Nadie deja de ser presidente si no lo es anteriormente.
A partir de ello y en una sucesión de hechos desesperados, el Departamento de Estado puso en primera instancia a su asalariado en Caracas a proponer la creación de un Consejo de Estado paritario que nadie sabe lo que significa y que no existe en la Constitución Nacional, es decir, como ya es habitual en él, llamó a desacatar la Constitución.
En su mensaje, Guaidó afirma que a Maduro no lo conoce nadie. Será que no sabe que Maduro es el presidente del país que tiene relación con alrededor de 150 naciones en el mundo, que acaba de entregar la presidencia del Movimiento de Países No Alienados, que es miembro de derecho de la Organización de Naciones Unidas y que se relaciona con todas sus agencias y que además fue elegido miembro de su Consejo de Derechos Humanos. La explicación a esta enajenación mental viene más adelante.
En la continuación de este nuevo y dramático show, Elliot Abrams, un delincuente confeso y sentenciado que está al servicio del Gobierno de Estados Unidos, publicó un artículo en el que ante la incapacidad de Guaidó de explicar lo que ellos querían decir, tuvo que usar el Wall Street Journal para que, sin la menor impudicia, propia de su carácter facineroso, mienta y falsee información.