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¡Arde, neoliberalismo, arde!

Pepe Escobar 01/11/2019
El neoliberalismo está, literalmente, en llamas. Y desde Ecuador a Chile, América del Sur, una vez más, está abriendo el camino. En contra de la mezquina fórmula universal de austeridad del FMI, que emplea armas de destrucción económica masiva para destrozar la soberanía nacional y fomentar la inigualdad social, finalmente América del Sur parece estar lista para reclamar el poder para forjar su propia historia.

Tradotto da Sofía Vílchez Chaparro

Están teniendo lugar tres elecciones presidenciales. Al parecer, las de Bolivia se fijaron para el domingo pasado. A pesar de que los sospechosos de siempre gritaban “¡fraude!”, las de Argentina y Uruguay son el próximo domingo.
Los contragolpes contra lo que David Harvey, teórico social marxista, llamó de forma tan acertada “acumulación por desposesión” son, y seguirán siendo, un coñazo. Quizás alcancen Brasil, que aún sigue estando destrozado por los fantasmas pinochetistas. Y quizás Brasil, tras sufrir un tremendo dolor, se alzará otra vez. Después de todo, las personas excluidas y humilladas de Sudamérica están descubriendo que llevan un Joker dentro.
Chile privatiza todo
La pregunta que se hacen en las calles de Chile es directa: “¿qué es peor: evadir impuestos o invadir el metro?” Es cuestión de hacer los cálculos de la lucha de clases. El PIB de Chile creció un 1,1 % el año pasado, mientras que los beneficios de las mayores compañías aumentaron diez veces más. No es difícil encontrar de dónde viene esta brecha. En las calles de Chile subrayan cómo fueron privatizados el agua, la electricidad, el gas, la sanidad, la medicina, el transporte, la educación, el salar de Atacama e incluso sus glaciares.
Se trata de la clásica acumulación por desposesión, ya que el coste de vida se ha vuelto inabarcable para la inmensa mayoría de los 19 millones de chilenos, cuya media de ingresos mensuales no excede los 500 dólares (450 euros aproximadamente).
Paul Walder, director del portal Politika y colaborador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico destaca cómo menos de una semana después del fin de las protestas en Ecuador (que obligaron al buitre neoliberal de Lenín Moreno a descartar una subida del precio del gas,) Chile entró en un círculo de protestas muy parecido.
Walder define muy bien al presidente de Chile Sebastián Piñera como el pavo en un extenso banquete en el que está toda la clase política chilena. Por eso no es de extrañar que ahora las calles chilenas no distinguen entre gobierno, partidos políticos y policía. Piñera , como era de esperar, criminalizó todos los movimientos sociales, envió la armada a las calles para reprimir completamente a los chilenos y estableció un toque de queda.
Piñera es el séptimo multimillonario más rico de Chile. Cuenta 2,7 mil millones de dólares en acciones, repartidas en compañías aéreas supermercados, televisiones, tarjetas de crédito y fútbol. Es una especie de Moreno con más fuerza, un neoliberal pinochetista. El hermano de Piñera , José, fue ministro durante el gobierno de Pinochet, y el que implementó el sistema privatizado de prestaciones sociales de Chile, un factor clave para la desintegración y desesperanza social. Todo está relacionado: el actual ministro de finanzas de Brasil Paulo Guedes, de Chicago, vivió y trabajó en Chile en aquel entonces, y ahora quiere repetir el mismo experimento desastroso en Brasil.
Como resultado final, se ha derrumbado por completo el “modelo” económico que Guedes pretende imponer en Brasil.
El cobre es el principal recurso de Chile. Históricamente, Estados Unidos poseía las principales minas, pero más tarde fueron nacionalizadas por el presidente Salvador Allende en 1971. De ahí el plan del criminal de guerra Henry Kissinger para exterminar a Allende, el cual culminó con golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.
Después, la dictadura de Pinochet reprivatizó las minas. La más grande de todas, Escondida, en el desierto de Atacama, que representa el 9 % del cobre mundial, pertenece a la gigante compañía minera anglo australiana BHP Billiton. El principal comprador de cobre del mundo es China. Así, al menos dos tercios de los ingresos generados por el cobre no van para los chilenos, sino para multinacionales extranjeras.
La debacle argentina
Antes de lo ocurrido en Chile, Ecuador se encontraba en parte paralizado: las escuelas estaban inactivas, no había trasporte urbano, los alimentos escaseaban, la especulación no tenía frenos, y las exportaciones de petróleo quedaban perturbadas.
Bajo la llama de la movilización de 25 000 ciudadanos autóctonos en las calles, el presidente Lenín Moreno ha dejado con cobardía un vacío en el poder en Quito, transfiriendo la sede del gobierno a Guayaquil. Los autóctonos han tomado la gobernanza en numerosas ciudades importantes. La Asamblea Nacional, por su parte, ha desertado durante casi dos semanas, sin ni siquiera tener intención de intentar resolver la crisis política.
Al anunciar el estado de emergencia y el toque de queda, Moreno ha desenrollado una alfombra roja para las fuerzas armadas, y Piñera ha repetido con dureza el procedimiento en Chile. La diferencia radica en que en Ecuador, Moreno ha apostado por el “divide y vencerás” entre los movimientos de las personas autóctonas y el resto de la población, mientras Piñera ha recurrido a la fuerza bruta.
Además de aplicar la misma vieja táctica de aumentar los precios para obtener más fondos del FMI, Ecuador también mostró una relación clásica entre un gobierno neoliberal, grandes empresas y el conocido embajador de Estados Unidos, Michael Fitzpatrick en este caso, un exsubsecretario de asuntos del hemisferio occidental a cargo de la región Andina, Brasil y el Cono Sur hasta 2018.
El caso más claro del fracaso total neoliberal en América del Sur es Argentina. Hace menos de dos meses, en Buenos Aires vi los atroces efectos sociales de la caída en picado del peso, la inflación del 54 %, la emergencia alimentaria de facto y el empobrecimiento incluso de la clase media. El gobierno de Mauricio Macri quemó, literalmente, más de 58 mil millones de dólares (casi 52 mil millones de euros) del préstamo del FMI, y aún quedan 5 mil millones por llegar. Macri estaba destinado a perder las elecciones presidenciales: Argentina tendrá que pagar esa factura descomunal.
El modelo económico de Macri no podía ser otro que el de Piñera . O mejor dicho, que el de Pinochet, en el que se gestionan los servicios públicos como si fueran un negocio. Un punto clave en común entre Macri y Piñera es la Fundación Internacional Libertad ultra neoliberal patrocinada por Mario Vagas Llosa, quien al menos se jacta de tener como punto a favor el haber sido un respetable novelista hace mucho tiempo.
Macri, un millonario, discípulo de Ayn Rand incapaz de mostrar empatía hacia nadie, es básicamente un don nadie prefabricado por su gurú ecuatoriano Jaime Durán Barba como un producto mecánico que busca y procesa datos, y abraza las redes sociales y las técnicas empresariales con grupos focales. Se puede encontrar una versión graciosísima de sus inseguridades en “La cabeza de Macri: cómo piensa, vive y manda el primer presidente de la no política”, escrito por Franco Lindner.
Entre miles de chanchullos, Macri está indirectamente vinculado a la fabulosa máquina de blanqueo de dinero HSBC, cuyo presidente en Argentina fue Gabriel Martino. En 2015, se descubrieron cuatro mil cuentas argentinas en HSBC en Suiza que contenían unos 3,5 mil millones de dólares (3,14 millones de euros aproximadamente). Esta espectacular fuga de capitales fue dirigida por el banco. Sin embargo, Martino fue básicamente salvado por Macri, y se convirtió en uno de sus principales asesores.
Cuidado con los fondos buitre del FMI
Ahora todos los ojos deberían estar puestos en Bolivia. Al momento de escribir este artículo, el presidente Evo Morales ganó las elecciones presidenciales del domingo en la primera vuelta, con una diferencia del 10 % con respecto a los votos ganados por la oposición, lo cual es el margen necesario para que un candidato gane si no obtiene el 50 % más uno de los votos. Básicamente, Morales lo hizo bien al final, cuando los votos de las zonas rurales y del extranjero se contaron por completo, y la oposición ya había comenzado a salir a las calles para meter presión. No es extraño que la OEA, dedicada a los intereses usamericanos, haya proclamado una “falta de confianza en el proceso electoral”.
Evo Morales encarna un proyecto de desarrollo sostenible, inclusivo y, además, independiente de las finanzas internacionales, lo cual es crucial. No es extraño que todo el sistema del Consenso de Washington odie su coraje. El ministro de Economía, Luis Arce Catacora, dijo claramente: “cuando Evo Morales ganó sus primeras elecciones en 2005, el 65 % de la población contaba con bajos ingresos, ahora el 62 % de la población tiene acceso a un ingreso medio”.
La oposición, sin proyectos, excepto los de las privatizaciones salvajes, y sin preocupaciones por las políticas sociales, grita “¡fraude!” Pero esta situación podría dar un giro terrible en los próximos días. En los suburbios del sur de La Paz, el odio de clases contra Evo Morales es su deporte favorito: se refieren al presidente con los calificativos “indio”, “tirano” e “ignorante”. Y las élites terratenientes blancas en las llanuras definen habitualmente a los cholos del Altiplano como “raza malvada”.
Sin embargo, ninguna de estas cosas afecta al hecho de que Bolivia ahora cuente con la economía más dinámica de América Latina, como señaló el destacado analista argentino Atilio Boron.
La campaña para desacreditar a Morales, que solo puede ir a peor, forma parte de la guerra imperial del 5G que, según Boron, extingue por completo “la pobreza permanente que sufrió durante siglos la inmensa mayoría de la población”, que se encontraba siempre “bajo total falta de protección y cuyos “recursos naturales y bienes comunes eran saqueados”.
Es evidente que el fantasma de los fondos buitre del FMI no desaparecerá mágicamente en América del Sur. Incluso cuando los sospechosos de siempre, a través de los informes del Banco Mundial, parecen “preocupados” por la pobreza; los escandinavos entregan el Premio Nobel de Economía a tres teóricos que estudian la pobreza; y Thomas Piketty, en su libro “Capital e ideología”, intenta desmontar la explicación hegemónica de la acumulación de riqueza.
Lo que aún queda absolutamente fuera de los límites para los guardianes del sistema-mundo actual es investigar realmente el neoliberalismo puro y duro como el origen de la hiperconcentración de la riqueza y la desigualdad social. Ya no basta con poner tiritas. Las calles de Sudamérica están encendidas. El retorno de la llama se encuentra en plena acción.