General

Corrupción, un problema de derechos humanos

Maricel
Drazer, DW, 11.05.2018

“En
muchos países la conducta corrupta se ha convertido en la forma normal”, dijo a
DW Delia Ferreira Rubio, presidenta de Transparencia Internacional. En
Venezuela la corrupción ya es crisis humanitaria”, afirmó.

Transparencia
Internacional está cumpliendo 25 años: ¿cuál es el balance?

El
balance es muy positivo, realmente 25 años de una organización de la sociedad
civil es algo para festejar. Transparencia Internacional tiene capítulos en 110
países en el mundo y mantener 25 años de actividad en la lucha contra la
corrupción ya es todo un mérito. Se ha avanzado mucho (…) tanto en la
consideración de la corrupción como un problema real para las sociedades, como
en la generación de instrumentos y organizaciones que sirven para enfrentar el
problema.
Si uno
marca lo que nos queda por delante ahora, yo creo que nos faltaría trabajar
fuerte en la implementación de todas estas normas, para que se transformen en
algo más que buenas palabras escritas y guardadas en los estantes de las
bibliotecas jurídicas.
¿Cuán
grave es el peligro de las buenas intenciones se queden solo en palabras?
Estamos
cansados de escuchar a políticos y gerentes generales decir que tienen “un
compromiso contra la corrupción”. Y a mí me parece que entienden perfectamente
lo que es la corrupción pero no tienen ni idea de lo que significa un
compromiso.
¿Cómo
definiría la situación de la corrupción en el mundo?
El 69 %
de los países, -nosotros en el último índice evaluamos 180 países-, tienen
altos niveles de corrupción, y esto pone de manifiesto que hay millones de
personas viviendo en contextos de alta corrupción.
Esto
significa que cuando hablamos de corrupción, no estamos hablando de una cosa
abstracta, estamos hablando de derechos humanos, de los derechos de la gente
que vive en esos países.
Delia
Ferreira Rubio
¿Cuál es
la situación de corrupción en América Latina?
En
América Latina, Chile y Uruguay están en 67 y 70 puntos (N. de la R.: del
ranking sobre percepción de la corrupción elaborado por TI, en el que en una
escala de 0 a 100, 0 es percepción de muy corrupto y 100, percepción de
ausencia de corrupción). Luego viene un pelotón liderado por Costa Rica,
alrededor de los 50 puntos, pero la mayoría de los países estamos por debajo de
los 50 puntos, es decir, estamos en niveles de alta corrupción. La situación
es, en general, preocupante.
¿Por qué
Latinoamérica tiene estos altos niveles de corrupción?
Un poco
por la anomia, es decir, ese fenómeno que hace que la norma no sea valorada.
Tenemos las normas necesarias; otra cosa es que las respetemos y las hagamos
cumplir. Y por la tolerancia por parte de la ciudadanía respecto a los casos de
corrupción.
Mientras
la ciudadanía opera tolerando la corrupción o votando por corruptos porque
“algo le dieron”, los mensajes que manda la ciudadanía como elector a la
política son los mensajes equivocados.
Asimismo,
nadie puede cambiarle la ética a una persona a los 30 años. Cuando llega a la
función pública, explicarle lo que está bien y lo que está mal, resulta
redundante, es tarde.   

¿Algún
país de América Latina la preocupa especialmente?
Sí,
claramente Venezuela, donde ya la corrupción ha pasado a nivel de crisis
humanitaria, ya es la última etapa del desastre, porque se han robado
absolutamente todo. Las personas enfrentan situaciones increíbles de corrupción
para conseguir harina, huevos, un medicamento, si es que se consigue. La
población no tiene alimento, no tiene salud, no tiene cómo vivir dignamente, en
un país que es el más rico en petróleo en la región.
El otro
país donde la corrupción se ha institucionalizado y es la realidad de todos los
días, es Nicaragua.
En
América Latina se mantiene la corrupción estructural e histórica, sostienen las
conclusiones de TI.
Es que el
continente tiene una base de corrupción que se ha transformado en algo así como
la forma normal de operar: para hacer negocios, para conseguir un documento,
para conseguir un lugar en un hospital, para lo que sea. En muchos de nuestros
países se ha normalizado esa conducta corrupta como la forma común y natural de
hacer las cosas. Esto tiene que ver con la educación y la falta de control.
¿Qué es
lo propio que puede aportar una presidenta argentina a TI?
Lo que
creo que aporta una persona que viene de un contexto de alta corrupción es el
contacto permanente y directo con situaciones de corrupción, que nos permite
ser más sensibles, o tener los “radares” más atentos a ver dónde se
empiezan a producir situaciones que dan lugar luego a la corrupción. No lo
hemos aprendido en los libros, lo hemos visto en nuestra sociedad.
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*La Dra.
Delia Ferreira Rubio (61) es presidenta de Transparencia Internacional, la
primera y mayor organización de lucha contra la corrupción a nivel global, cuya
oficina central se encuentra en Berlín. Es doctora en Derecho y nació en la
provincia de Córdoba, Argentina.